Quien es Claudio #ChiquiTapia, el nuevo Presidente de #AFA



Claudio Fabián "Chiqui" Tapia se levanta todos los días, incluso los domingos, a las seis de la mañana, lee los diarios y empieza a trabajar, no sólo como vicepresidente del CEAMSE, sino también como mandamás de Barracas Central, desde donde tejió el poder que hoy lo ungió como presidente de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA).

Porque para los dirigentes del ascenso y del interior, Claudio Tapia no es "Chiqui", sino "El Comandante", el líder, y fue allí, en las bases de la pirámide del fútbol argentino, donde se erigió como figura.

Pero el vínculo de Tapia con el fútbol viene de mucho antes. Nacido el viernes 22 de septiembre de 1967 en la ciudad de Concepción, en San Juan, en el seno de una familia humilde, "Chiqui" conoció Buenos Aires de muy chico, porque por el trabajo de su papá tintorero -su madre era ama de casa-, llegó a la gran ciudad.

Primero vivieron en el barrio de San Telmo, donde "Chiqui" y sus dos hermanos -una mujer y un hombre, éste fallecido- concurrieron a la escuela "Guillermo Rawson" y se hicieron hinchas fanáticos de Boca, para "llevarle la contra" a papá, simpatizante de San Lorenzo. .

Cuando Claudio tenía 11 años sus padres decidieron mudarse al barrio de Barracas, a sólo 10 cuadras del club Barracas Central, donde sin saberlo empezaría a forjar una historia de mucho arraigo.

"Jugué en las inferiores y llegué a Primera gracias al Tano Francisco Calabrese, que me puso. Yo era 9, centrodelantero, me la rebuscaba. Yo no arrugaba, tengo varias cicatrices por no arrugar...", aseguró Tapia, en alguna entrevista.

Tuvo un breve paso por Sportivo Dock Sud, antes de volver a ponerse la camiseta de Barracas Central, pero en un momento difícil, porque el club naufragaba en la última categoría del fútbol argentino.

"Tuve la suerte de ascender con Barracas en la cancha de El Porvenir después de un reducido en el que clasificamos últimos, luego de eso me retiré...", recordó.

Es que justo comenzó a trabajar en Manliba, empresa de recolección de basura en la que estuvo nueve años (de 1986 a 1995), donde empezó como barrendero y luego lo "ascendieron" a recolector.

De 6:00 a 14:00 barría las calles o juntaba la basura de los vecinos colgado del camión y a la tarde jugaba en Barracas, hasta que tuvo que elegir entre el fútbol y el trabajo.

No fue hasta el año 1998 que tuvo otro acercamiento al fútbol, que sólo conocía por ir a Boca los fines de semana, mientras se dedicaba a trabajar a destajo y disfrutar de su familia.

Los viejos dirigentes de Barracas Central acudieron a él en busca de ayuda, porque el club estaba por desaparecer, y le ofrecieron hacerse cargo de la presidencia. Dijo que no.

Pero poco después, su vida tuvo un "click" que lo llevó a aceptar el desafío: "Volvieron a insistir un día que jugaba Barracas con Laferrere. Fui a la cancha y cuando entré fue ver la imagen de mi papá donde solía ver los partidos cuando yo jugaba, hacía muy poco que había fallecido, me aflojé y pensé tengo que hacer algo por el club . Ahí hubo elecciones, votaron 150 personas aproximadamente, que eran los socios del club y empecé. Ahí empecé".

El equipo estaba en un momento pésimo, pero su decisión fue cambiar el técnico (asumió Néstor Rappa) y contratar un marcador central y un centrodelantero, con los que llegaron al Reducido por el ascenso y fue "una fiesta".

Para entonces "Chiqui" Tapia ya se había casado con Paola Moyano, hija del sindicalista Hugo Moyano, a quien había conocido en una fiesta a la que había concurrido invitado por su "amigo" Pablo Moyano.

Claudio y Paola tuvieron cuatro hijos por quienes se desvive todos los días: Emiliano (25), Nadia (23), Matías (21) e Iván (16).

Acaso por su origen, su prioridad en los primeros años como presidente fue recuperar la función social del club, donde con la ayuda de los socios hicieron un polideportivo con cancha de paddle, Futsal, voley, básquet y bochas. .

El 29 de noviembre de 2003, dos años después de su asunción, alcanzó la gloria deportiva con el título de Primera C, el primero en 99 años de vida, lo que eyectó a "Chiqui" Tapia como ídolo del club, lo que hizo tener su nombre en el estadio barraqueño.

Su experiencia en la vida sindical lo hizo entender cómo moverse en la política y le permitió construir un movimiento que, luego de 16 años de dirigente, lo llevó al sillón de Viamonte.

"Cuando vos tenés empresarios que por ahí no cumplen con el convenio colectivo tenés que defender al trabajador, tenés que protegerlo, darle las condiciones para que se sienta bien y pueda cumplir con su tarea. Entre los clubes del Ascenso logramos ser solidarios porque carecemos de las mismas cosas y padecemos los mismos problemas. Hicimos de la solidaridad la materia prima", explicó.

Tapia es la cara del "hito" del denominado "Ascenso Unido", ese grupo que nació como un hashtag en las redes sociales y se transformó en plataforma política.

"En los viajes a Brasil, para acompañar al seleccionado en el Mundial de 2014, Chiqui se sentaba con los dirigentes del ascenso y los escuchaba a todos. Prestaba su oreja tanto si fueras Chacarita o Claypole; tanto si estuvieras en la B Nacional como en la D. Le daba igual que fueras amateur o profesional. Rico o pobre", relató un compañero de la primera hora.

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