Procuración: extraños movimientos de cuenta de quien cobró comisión millonaria

La investigación se centra en Juan Carlos Thill, productor de seguros y medio hermano de un funcionario cercano a Gils Carbó. Más complicaciones para la -imputada- Procuradora General de la Nación.



En una de las más importantes operaciones hechas por la Procuración General de la Nación desde el año 2012, Juan Carlos Thill cobró en julio de 2013 $3 millones por asesorar a agentes inmobiliarios que a su vez también "asesoraron" a la empresa Arfinsa -perteneciente al Grupo Bemberg-, que vendió en $43.850.000 el inmueble ubicado en la calle Perón 667, luego inmediatamente adquirido por el mencionado organismo.

Fue la movida más notoria e importante desde la asunción en funciones de Alejandra Gils Carbó.

La compra del inmueble está bajo investigación judicial, dada la sospecha de pago de millonarias comisiones que iban a Thill - productor de seguros sin relación con el negocio inmobiliario-, medio hermano de uno de los funcionarios de la Procuración encabezada por Gils Carbó.

Thill -vale mencionarlo- es hermano por parte de la madre de Guillermo Bellingi, quien luego de la jura de Gils Carbó entró como sub director general de la Procuración como coordinador del área de Administración. Gils Carbó designó entonces a Bellingi, de su confianza, para manejar la licitación del edificio cuestionado y fue justamente el propio Bellini el encargado de "ablandar" una condición -la no presentación del certificado fiscal para contrata con el Estado- para lograr que la inmobiliaria Jaureguiberry y Asociados se presentara en la licitación en representación de Arfinsa.

Arfinsa percibió $43.850.000 de parte de la Procuración y le abonó $7,7 millones a Jaureguiberry por hacer de intermediario. A su vez la inmobiliaria le pagó 3 millones de pesos a Thill. Este pago solo se justifica por la información reservada que manejaba Bellingi y que obtuvieron los ganadores de la licitación.

El fiscal , Eduardo Taiano, encargó al Unidad de Información Financiera (UIF) investigar y establecer qué hizo Thill con ese dinero, en tanto que los funcionarios antilavado ofrecieron un completo informe.

Por su asesoría en la compra del edificio, Thill facturó a Jaureguiberry $3.019.054, 86, pero en su cuenta corriente del BBVA Francés, sólo depositó el 16 de julio de 2013 la suma de $ 2.969.252,97.

Hasta ese momento, el saldo en la cuenta de Thill depositó era de $424.095,49.

Mes tras mes, antes de levantar esa mini fortuna a consecuencia de los valiosos datos que Bellingi pasaba desde dentro de la Procuración, Thill depositaba $4.644,49 cada mes en la misma cuenta.

Hasta el monumental cobro de esos millones, Thill, unicamente transfería y usaba la tarjeta de débito, aunque sin embargo, una vez que logró hacerse con la suculenta "comisión" concretó un plazo fijo por 60 días -permanentemente renovado- por la suma de $ 1.500.000; mientras que tras la adquisición del inmueble en cuestión, retiró un total de $1.137.481,86 en efectivo.

El 22 de julio de 2013 retiró $190.000; el 3 de septiembre $134.481; 86; el 20 de diciembre $345.000; el 13 de enero de 2014 $83.000; el 17 de enero $240.000. Por último, el 23 de enero extrajo del banco en efectivo $145.000.

Según el informe de la UIF, los retiros en efectivo no se condicen con compras que hizo Thill de bienes perfectamente registrables a su propio nombre.

Desde hace poco tiempo, se han dado a conocer los contratos firmados entre Thill y Jaureguiberry, la factura de la comisión que se cuenta por millones y una larga cadena de correos electrónicos que confirma que desde la Procuración -mediante Thill,- los compradores tenían información calificada.

Además se publicaron otros e-mails en los que queda claro y expuesto que Bellingi redireccionó la licitación para que Gils Carbó comprara el inmueble de la calle Perón.

Los investigadores estiman que Thill y Bellingi se dividieron la paga. Saben lo que sucedió con la mitad que Thill colocó en plazo fijo. No saben qué pasó con el resto que fue retirando en efectivo. La hipótesis es que se lo dio a su medio hermano.

Pero creen que será muy difícil rastrear ese dinero: los encargados de buscar pruebas no se olvidan que Bellingi fue trasladado del área de Administración del Procuración a la Procuraduría de Criminalidad Económica y Lavado de Activos (Procelac). Es decir que se supone que Bellingi sabe cómo no dejar huellas de un operación de lavado de coimas porque era un experto de la Procelac, que fue creada por Gils Carbó para combatir el lavado de dinero.

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