De la euforia a la caída: los ocho días que tumbaron a #Rajoy en España

Al presidente del Gobierno, hasta el momento, le habían aprobado los presupuestos hace tan solo una semana. Un día después comenzó su semana mas difícil al mando de la Moncloa.



Del cielo al infierno en una semana. Hace solo ocho días, Mariano Rajoy era un presidente con la estabilidad garantizada y se prometía agotar la legislatura; hoy, Rajoy ya sabe que dejará de ser el jefe del Ejecutivo en 24 horas. La política española ha dado un vuelco radical en ocho días, en los que el PNV ha jugado el papel de árbitro y la sentencia del caso Gürtel ha precipitado la condena –ésta, política– al presidente popular.

Pocas cosas hacían prever este abrupto desenlace el pasado miércoles 23 de mayo, día en el que Rajoy conseguía aprobar en el Congreso los segundos presupuestos de la legislatura, después de una dura negociación con el PNV. Los nacionalistas vascos habían puesto como condición ineludible que el Ejecutivo de Rajoy retirara la aplicación del artículo 155 en Catalunya pero, a última hora, y viendo como Quim Torra era investido presidente de la Generalitat, optó por dar sus decisivos votos al Gobierno, permitir tirar hacia delante las cuentas y, de paso, apuntarse el tanto de nuevas contrapartidas para el País Vasco.



Rajoy había logrado así salvar un match point determinante. Sin presupuestos, la legislatura amenazaba con irse al traste. Con las cuentas aprobadas –pendientes aún de su aprobación en el Senado–, el presidente del Ejecutivo podía retomar su estrategia favorita: aguantar e ir partido a partido. Rajoy ganaba así tiempo para plantar cara al que se ha convertido en su gran rival electoral en el campo de la derecha, Ciudadanos, el partido al que la muchas encuestas ya situaban por encima de los populares y con capacidad para gobernar.

Pero todo se torció para el PP y Rajoy al día siguiente. Aunque quizás en ese momento no imaginaran las consecuencias, la sentencia del caso Gürtel de la Audiencia Nacional era letal para el Gobierno popular. La Audiencia Nacional condenaba al extesorero del PP, Luis Bárcenas, a una pena de 33 años de cárcel, consideraba probada la existencia de una caja B en el partido y, en consecuencia, le declaraba responsable civil. Pero es que además lanzaba un torpedo en la línea de flotación del mismísimo presidente del Gobierno: la Audiencia cuestionaba abiertamente la credibilidad de su testimonio en el juicio.

El terremoto político se desencadenó rápidamente y la opción de la moción de censura se puso encima de la mesa desde el principio. Fue Pablo Iglesias el que levantó la liebre e instó a Pedro Sánchez a liderar la iniciativa, pero el secretario general del PSOE ya lo tenía en mente, aunque prefirió esa tarde de jueves mantener silencio y retirarse a diseñar el plan. Curiosamente, quizás la declaración que marcó el antes y el después de la sentencia fuera la de Albert Rivera. Pese a apoyar los presupuestos, el líder de Ciudadanos declaró agotada la legislatura tras el fallo de la Audiencia Nacional y reclamó una convocatoria inmediata de elecciones, lo que indicaba que, de una u otra manera, la caída de Rajoy era solo una cuestión de tiempo.

Y llegó viernes y Sánchez destapó sus intenciones. El líder socialista dio el paso y anunció la cuarta moción de censura del periodo post-Transición. Sánchez admitió que la aritmética era complicada pero los números podían salir, y no renunciaba a los apoyos de los grupos nacionalistas e independentistas para conseguirlo. De poco parecían servir las presiones tanto de PP como de Ciudadanos en el sentido de retirar la moción para evitar que los grupos catalán y vasco se convirtieran en árbitros de la política. La sentencia se estaba redactando.

La semana hasta el desenlace de hoy ha estado marcada por las incógnitas del resultado de la moción. Mientras Cs ha tratado de ofrecer alternativas que acabaran con la convocatoria inmediata de elecciones y el PP se ha lanzado en tromba contra Sánchez, acusándole de provocar inestabilidad –con la inestimable ayuda de los mercados–; todos los ojos estaban puestos sobre el PNV. Aunque los grupos independentistas no han asegurado su voto favorable a la moción hasta hoy, su sí se daba por descontado. En cambio, era el partido que solo una semana antes había apuntalado los presupuestos del PP el que representaba la mayor incógnita. Y así ha sido: el voto de los jeltzale ha sido, finalmente, y otra vez, decisivo.

Fuente: Jaume Pi | LA VANGUARDIA

No hay comentarios.:

Con tecnología de Blogger.