VIDEO: El monólogo de Tato Bores sobre el dólar que, casi 60 años después, está más vigente que nunca

El humorista describió la relación de los argentinos con la moneda estadounidense.



Año 1962. 56 años pasaron. Pero parece que lo escribió hoy. El recordado Tato Bores hablaba del dólar y de la obsesión que provocaba en los argentinos.

Durante la década del '60, el precio de la moneda estadounidense y la delicada situación económica del país era un tema recurrente en los medios. Entre 1958 y 1962 (cuando se pronunció este monólogo) el dólar había duplicado su valor hasta los 84 pesos moneda nacional.

En abril de 1962, el gobierno de José María Guido (con Federico Pinedo a la cabeza del Ministerio de Economía) liberalizaron el mercado cambiario y produjeron fuertes devaluaciones mensuales.

Esos años las casas de cambio no dieron a basto: entre 1962 y 1963, la divisa saltó 64% hasta los $138. Por el resto de la década iniciaría una escalada imparable hasta los $321, hasta que en 1970 se decidió cambiar el Peso Moneda Nacional por el Peso Ley 18.188.

Las generaciones de argentinos adultos de ese momento no estaban acostumbrados a esos vaivenes en el dólar, más aún si consideramos que entre 1916 y 1944 el precio se había mantenido muy estable.

Pasó más de medio siglo, y el histórico monólogo de Tato Bores sobre el dólar sigue más vigente que nunca para explicar las peripecias de los ahorristas para salvar sus ahorros y criticar la cultura de la especulación financiera.



El monólogo del dólar (1962)
Por Tato Bores
Cuando digo que estamos viviendo un gran momento de expansión monetaria, sé lo que estoy diciendo.Fíjense que nosotros en vez de pagar el dólar 30, 40, 50, 70, 80 o 90 mangos, lo estamos pagando a 135. Y si nos mojan la oreja, lo vamos a pagar a 200 porque somos tipos ricos.

Todos compramos. Todos juntamos. Y el día que tengamos muchos dólares podemos pegar un golpe fantástico. Yo le voy a explicar: resulta que el dólar es la moneda norteamericana. El día que tengamos todos los dólares del mundo iremos a Estados Unidos con la guita de ellos y nos van a tener que entregar el país. Yo no me explico cómo los yankees que son tan vivos no se dan cuenta del peligro que están corriendo con nosotros.

Yo pienso que todos de golpe nos hemos vuelto financistas por una razón muy especial. Fíjense que antes cuando un tipo tenía un ahorrito ponía un tallercito, abría una fabriquita, compraba un campito para criar gallinas o plantar tomates. Esas cosas que hace la gente en los países pobres.

En cambio acá es distinto. Usted va por la calle San Martín, donde están las casas de cambio, y está todo el país parado en frente a las pizarras. Hay obreros, albañiles, peones, sastres, músicos, artistas, de todo. Hay tipos que antes trabajaban como locos y ahora se han vuelvo economistas. Cada uno está parado ahí con un paquetito de dinero y en cuanto se mueve la cotización de la pizarra entran todos en patota. Uno dice 'deme tres dólares', otro dice 'deme cuatro dólares', otro dice 'deme ocho dólares' y salen corriendo. Y van a otra casa de cambio. Y antes de que muevan la pizarra se meten y los venden.

Y así se pasan todo el día: vendiendo y comprando. Comprando y vendiendo. Y cuando llega la noche entra a la casa molido, deshecho, cae muerto arriba de un sillón, desempaquetan, cuentan la guita, llaman a la mujer y dicen: "¡Vieja, vieja, vení! Hoy me gané 14 mangos y no hice nada".

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