La "telepatía" ya está entre nosotros: así funciona la tecnología para acceder a la mente

Es difícil que la Inteligencia Artificial logre sorprendernos con los nuevos avances que logra realizar en distintos campos de la ciencia. Ya se ha pasado la etapa del miedo, la incertidumbre, poco a poco muchos han comenzado a emplearla en sus trabajos. Sin embargo, este descubrimiento puede que haya dejado pasmado a más de uno. Y sí, es tal como se enunció: ya existen los dispositivos que pueden leer la mente y alterar nuestro cerebro.


Elon Musk, con su compañía Neuralink, ya desarrolló un chip implantable que también permite a una persona utilizar la mente para manejar una computadora. Por su parte, Apple, Meta y OpenAI no planean quedarse atrás, y se encuentran trabajando también en dispositivos neurotecnológicos. Sin embargo, son varias las startups que están compitiendo en este campo. 


 







 




 


 


Mover cosas con la mente




El doctor Sean Pauzauskie, neurólogo del Hospital UCHealth Poudre Valley, en diálogo con CBS, afirmó que ya hay unos 30 dispositivos neurotecnológicos a la venta en Internet, entre ellos, la primera interfaz cerebro-ordenador de uso comercial. La mayoría de estos dispositivos cuestan entre 200 y 400 dólares y funcionan accediendo al cerebro y, en algunos casos, alterándolo. "Cualquier cosa que quieras hacer, se puede mover el cursor con la mente y controlarlo utilizando este dispositivo" dijo.


Se trata de una tecnología que está revolucionando a la medicina, pues le permite a las personas que no pueden moverse o hablar comunicarse con solo un pensamiento o expresión. "Podrías usar este dispositivo para mover el cursor a la letra que quisieras y luego, para hacer clic, solo tendrías que sonreír y dar la orden de introducirla" explicó el neurólogo.




Cómo son los 'headsets' que se venden online





"Las ventajas van a ser enormes. Los pacientes van a tener docenas de opciones más", expresa Pauzauskie.


Pero con las ventajas, vienen los riesgos, advierte: "Nuestro cerebro nos hace ser como somos, así que es uno de los datos más sensibles que se pueden compartir con nadie".


Es el tipo de datos que las compañías de seguros podrían utilizar para discriminar, las fuerzas de seguridad para interrogar y los anunciantes para manipular. Y a medida que avanza la tecnología, el gobierno también podría meterse en nuestras cabezas y alterar potencialmente nuestros pensamientos, emociones y recuerdos.


 







 




 


 


Preocupaciones éticas




Se invirtieron millones de dólares en distintas iniciativas que buscaban elaborar dispositivos neuronales. Entre los grupos que se dedicaron a la investigación, el "grupo Morningside", como se le llegó a conocer, identificó cuatro prioridades éticas principales, que posteriormente fueron ampliadas por Rafael Yuste, neurocientífico de la Universidad de Columbia, en cinco neuro-derechos claramente definidos:



* Intimidad mental, que garantizaría la privacidad de los datos cerebrales y regularía estrictamente su uso, venta y transferencia comercial

* Identidad personal, que pondría límites a las tecnologías que pudieran alterar el sentido de uno mismo

* Acceso justo al aumento mental, que garantizaría la igualdad de acceso a las neurotecnologías de mejora mental

* Protección frente a la parcialidad en el desarrollo de algoritmos neurotecnológicos

* Libre albedrío, que protegería la capacidad de acción de un individuo frente a la manipulación por neurotecnologías externas






Frente a sus preocupaciones, Yuste y varios colegas impulsaron un movimiento internacional en defensa de los "derechos neuronales" que, según Yuste, deberían consagrarse en la legislación como baluarte contra el posible mal uso y abuso de la neurotecnología.




Un ratón de laboratorio, con una placa craneal implantada para registrar y manipular la actividad neuronal





Para el investigador, el desconcierto ante el avance de la neurotecnología no es algo lejano, sino que lo experimentó en primera persona. En 2011, empezó a usar la optogenética en ratones, una técnica que permite controlar circuitos cerebrales como interruptores de luz. Así, descubrió que podía implantar imágenes artificiales en sus cerebros activando células responsables de la percepción visual. Años después, el MIT demostró que se podían implantar falsos recuerdos con una técnica similar.


El neurólogo vio que podían manipular casi todas las experiencias del ratón: comportamiento, emociones, conciencia, percepción y recuerdos, controlándolos como marionetas. "El cerebro de ratones y humanos funciona igual; lo que hacemos hoy en ratones, mañana podremos hacerlo en humanos", reflexionó.


 


 




 




 


 


¿Tan solo una exageración?




En la revista Wired, Leo Kim se opuso a esta idea de que la tecnología para leer mentes estaba entre nosotros. "El discurso popular colocó a esta clase emergente de tecnologías como lectores mentales invasivos en el peor de los casos y mecanismos de traducción neutrales en el mejor. Pero esta imagen ignora la naturaleza verdaderamente porosa y enredada de la mente humana. No apreciaremos todo el alcance de las capacidades y riesgos de esta herramienta hasta que aprendamos a replantearla como parte de nuestro aparato cognitivo" afirmó. 


Para él, es importante comprender que las herramientas que supuestamente informan sobre nuestra cognición también forman parte del sistema que describen, y que no tienen por qué ser sofisticadas o precisas para incorporarse de este modo, dice, pues así la historia lo demuestra. "Para abrirnos a este enredo cognitivo, basta con que creamos que estas máquinas son neutrales y confiemos en sus resultados".

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