El ultraderechista Jair Bolsonar ya es el presidente de Brasil. El ex capitán del Ejército y diputado durante casi tres décadas fue investido ayer en Brasilia, la capital del país. En su discurso, Bolsonaro prometió liberar Brasil de los males que a sus ojos lo sumieron en “la mayor crisis ética y moral de su historia”: la corrupción y la “sumisión ideológica”.

“Convoco a cada uno de los congresistas a ayudarme en la misión de restaurar y volver a erguir a nuestra patria, liberándola definitivamente del yugo de la corrupción, la criminalidad, la irresponsabilidad económica y la sumisión ideológica”, proclamó ante el Congreso el exmilitar, de 63 años, convertido en el 38º presidente de la mayor potencia latinoamericana.

Brasilia amaneció ayer virtualmente sitiada por un monumental operativo de seguridad que incluyó fuertes restricciones para ingresar a la Explanada de los Ministerios, y francotiradores apostados en los techos de los edificios públicos que bordean el centro de la ciudad diseñada específicamente para cumplir el rol de capital política.

Bolsonaro llegó al Congreso en un Rolls Royce descapotable, junto a su esposa Michelle y escoltado por una guardia montada. Pese a las restricciones, unas 20 mil personas lo aclamaron en su avance por la gran avenida.

El nuevo presidente de Brasil había sido elegido en segunda vuelta con el 55% de los votos: se transformó en un fenómeno que supo aglutinar a los descontentos con la política tradicional, a los rivales del izquierdista Partido de los Trabajadores (PT), a parte de los referentes de la Operación Lava Jato y a quienes aún reivindican a la dictadura militar que gobernó el país entre 1964 y 1985.

Bolsonaro prometió “valorar la familia, respetar las religiones y nuestras tradiciones judeo-cristianas” y “combatir la ideología de género, conservando nuestros valores”.

Aunque se comprometió a “mantener, defender y cumplir la Constitución”, y sus garantías, defendió “el derecho a la legítima defensa”, prometió “honrar a los que cuidan nuestras vidas” y llamó a legislar para protegerlos cuando maten a sospechosos durante un enfrentamiento armado.

Su gabinete tendrá 22 ministerios, entre ellos cinco ministros de origen militar. “Es un equipo técnico sin tendencia política”, dijo ayer el presidente brasileño, quien considera lo contrario una de las razones de la corrupción estatal.

Bolsonaro había abierto su discurso agradeciendo a “Dios” por haberle salvado la vida cuando fue apuñalado en plena campaña. Y lo cerró con otra mención: “Brasil por encima de todo y Dios por encima de todos”, concluyó.

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