El actual cierre parcial del gobierno estadounidense es ya el más largo en la historia de Estados Unidos y frena cada día un poco más la expansión de la primera economía mundial.

La mayor parte de los bloqueos administrativos --hubo 21 “shutdowns” desde 1976-- fueron demasiado cortos para tener un impacto en el crecimiento. Pero es más difícil prever lo que ocurrirá esta vez, ya que el cierre se mantiene desde hace tres semanas.

Al pasar la medianoche del sábado, esta parálisis batió el récord tras superar los 21 días de otro “shutdown” que se dio entre 1995 y 1996 bajo el mandato de Bill Clinton.

Ese mismo día, Donald Trump aseguró que el “cierre” podría resolverse “en 15 minutos”.

El motivo de la parálisis es la falta de acuerdo entre Trump, que exige destinar 5.700 millones de dólares para construir un muro en la frontera con México -una de sus promesas de campaña-, y la oposición demócrata en el Congreso, que se niega a liberar esos fondos para un fin que considera “inmoral”, caro e ineficaz para combatir la inmigración ilegal.

El sábado por la mañana, el mandatario publicó una ráfaga de tuits pidiendo a la oposición terminar con lo que llamó “una crisis humanitaria masiva en la frontera sur”. “¡Los demócratas podrían resolver el cierre en 15 minutos! ¡Llame a su senador o representante demócrata, dígales que hagan su trabajo!”, escribió.

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Mientras tanto, los analistas sacan conclusiones sobre el costo de esta discusión. “A medida que se prolonga el bloqueo, crece el sufrimiento”, declaró Beth Ann Bovino, economista jefe en la agencia de calificación crediticia S&P Global Ratings. Con unos 800.000 empleados afectados, un cuarto de los funcionarios federales, el cierre parcial de la administración cuesta 1.200 millones de dólares por semana a la economía, asegura Bovino. De seguir así durante dos semanas más, el bloqueo le habrá costado a Estados Unidos tan caro como el muro de 5.700 millones de dólares que el presidente Donald Trump quiere construir en la frontera con México y que los demócratas, que tienen la mayoría en la nueva Cámara de Representantes, se niegan a aprobar.

Trump rechaza firmar el presupuesto para financiar el gobierno federal si no se incluyen los fondos para pagar la construcción del muro, y ni él ni los demócratas parecen dispuestos a ceder en este pulso.

Aunque los “shutdowns” de 1995 y 2013 mostraron que la economía podía recuperarse rápidamente una vez superado el bloqueo presupuestario, la parálisis del gobierno federal tiene un efecto negativo en numerosos asuntos más allá del salario de los funcionarios, que suelen cobrar sus sueldos de forma retroactiva, cuando vuelve la financiación.

A la espera de una salida a la disputa entre el presidente y los demócratas, los agricultores, lastrados por la guerra comercial emprendida por Trump, no cobran la ayuda prometida por el gobierno y no reciben las subvenciones para la compra de semillas y de alimentos para animales.

Las familias más pobres pueden quedarse sin una ayuda alimentaria a partir de finales de febrero. La Reserva Federal ha pedido a los bancos que sean comprensivos, y el departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano ha rogado a los propietarios que no expulsen a los inquilinos más desfavorecidos, que reciben una subvención del gobierno federal para pagar el alquiler.

Las inspecciones sanitarias se han suspendido, el organismo que supervisa la bolsa, la SEC, ha dejado de tramitar los documentos de entrada en bolsa y se ha retrasado la concesión de permisos de explotación petrolera y gasística.

Los trabajadores que tienen contrato con el gobierno, de los cuales muchos no cobrarán remuneración, pierden 200 millones de dólares al día, según una estimación de la agencia de noticias Bloomberg News.

El cierre de la administración tiene un fuerte impacto para los 380.000 trabajadores federales que se encuentran en una situación de desempleo forzoso y también para los otros 420.000 cuya labor se considera “esencial” para el funcionamiento del Estado y que trabajan, por tanto, sin cobrar sueldo.

Según la inmobiliaria estadounidense Zillow, esos empleados deben pagar un total de casi 438 millones de dólares al mes en alquileres y préstamos hipotecarios.

En algunos barrios de la capital, Washington, donde vive cerca del 20% de la mano de obra federal, los restaurantes están vacíos, los taxis inactivos, y los vehículos se desplazan con una facilidad desacostumbrada.

Yingrui Huang, ingeniero para una subcontratista en un centro de la NASA en Maryland, afirmó a la AFP que su empresa, que normalmente construye satélites meteorológicos y telescopios para el gobierno, permanece cerrada hasta nuevo aviso.

Mientras tanto, este ingeniero ha optado por conducir para la plataforma de reserva de vehículos con chofer Lyft.

Pero dice estar preocupado por sus colegas que cobran por hora, como los conserjes o secretarios. “Sus salarios son muy inferiores a los de la mayoría de los ingenieros y no están bajo los proyectores ni nadie está pensando en ellos”, dijo.

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