El locutor y productor tucumano generó innumerables éxitos televisivos, con un gran eje en las ficciones. Fue el mentor de figuras como Atilio Marinelli, Raúl Taibo, Guillermo Andino, Pablo Echarri y Germán Kraus.

Cinco años sin Alejandro Romay, el zar de la televisión argentina

Alejandro Romay, productor de TV y teatro que en esos espacios supo conectar con el gusto popular, falleció hace cinco años y su impronta perdura como la del último representante de una peculiar especie de empresario del mundo del espectáculo local.

La partida del locutor y productor tucumano, uno de los más acaudalados hombres del espectáculo, clausuró una época de la radio, la TV y el teatro argentinos; conocido como “el Zar” de la pantalla chica, Romay no fue indiferente tanto para quienes lo admiraban como por los que destacaban su carácter autoritario, repleto de arbitrariedades.

Nacido en Tucumán el 20 de enero de 1927 como Alejandro Argentino Saúl, utilizó desde muy joven el seudónimo con que fue famoso en homenaje a Juan Manuel Romay, jugador del Club Atlético Independiente, y murió a los 88 años a causa de una afección pulmonar aunque llevaba poco más de un par de temporadas en una clínica especializada debido al mal de Alzheimer.

Romay generó innumerables éxitos televisivos, con un gran eje en las ficciones argentinas, y llevó como abanderados del género a Abel Santa Cruz y Alberto Migré.

En su gestión al frente de Canal 9 en los años 80 llegó a encadenar más de siete horas de ficciones argentinas y llegaba a tener más de seis elencos trabajando a la par.



Enemigo de las comisiones internas, prohibió toda actividad sindical en sus empresas, y con Canal 9 lideró la audiencia con telenovelas como “Amo y señor”, “Cosecharás tu siembra”, “La extraña dama”, “Más allá del horizonte”, “Ricos y famosos” y “Una voz en el teléfono”.

En esos años y según Ibope y la desaparecida Mercados y Tendencias, ambas medidoras de rating, las tiras de Romay llegaron a medir 60 puntos y fue uno de los descubridores del “prime time”, por lo que algunas de estas ficciones se veían a las 21.



En su larga carrera fue el mentor de figuras como Atilio Marinelli, Raúl Taibo, Guillermo Andino, Pablo Echarri, Germán Kraus, Aldo Pastur, Marco Estell, Horacio Ranieri, Cristina Pérez, Carolina Papaleo y Natalia Oreiro, entre más. Competidor del cubano exiliado Goar Mestre en la TV privada argentina en la década de 1960, a los 13 años se probó como locutor en LV7 Radio Tucumán, donde compartía el micrófono con la comisión de diversos mandados para sus empleadores, pero sus características de simpatía y diplomacia asombraron a todos y a los 18 fue nombrado director de la también tucumana Radio Aconquija, hoy Independencia.


Ambicioso como siempre, en 1947 se mudó a Buenos Aires para seguir con su trabajo frente a los micrófonos y asumir a partir de 1955 la dirección de Radio Libertad -ex Belgrano-, bautizada así en homenaje a la llamada Revolución Libertadora, de la que fue propagandista.

A partir de 1963 comenzó su etapa fuerte al frente del 9, del que fue accionista mayoritario y al que le imprimió un carácter popular, con programas de alcance masivo que lideraron las mediciones de audiencia aunque a la vez eran cuestionados a veces por su vulgaridad.

En 1974, durante el gobierno de María Estela Martínez de Perón y con José López Rega como hombre fuerte, se le terminó la licencia y su emisora fue intervenida por el Estado nacional; al igual que los canales 11 y 13, que pasaron en forma bastante turbulenta a la órbita estatal y Romay decidió establecerse en Puerto Rico, donde compró dos estaciones de radio.

Un año antes de ese incidente, donde contaba que había sido expulsado “a punta de pistola” por un conocido hombre del medio, una bomba destruyó el teatro Argentino, de su propiedad, en la calle Bartolomé Mitre, cuando estaba por estrenarse el musical “Jesucristo superestar”.

Regresó al país en 1983, a fines de la dictadura, fundó la productora Telearte SA y le fue adjudicada la licencia de Canal 9, que volvió a llamarse Canal 9 Libertad, y en la que fue tan estrella como la cantidad de famosos que incorporó a su grilla.

Mientras los canales 2, 11 y 13 siguieron siendo estatales, Alfonsín le pagó a Romay una deuda ya que el empresario le prestó sus imprentas para imprimir los afiches de la campaña presidencial de 1983.

Entre la frondosa programación que surgió de su galera figuran “Grandes valores del tango” (1963), “Almorzando con Mirtha Legrand” (1968), “Sábados de la bondad” (1968), conducido por Héctor Coire y luego por Leonardo Simons, y “Feliz domingo para la juventud” (1970), luego llamado “Feliz domingo”.

Además introdujo al gran Narciso Ibáñez Menta en la TV, que puso en cámara desde 1959 “Obras maestras del terror”, “El fantasma de la Ópera” y “El muñeco maldito”, entre otros programas que se perdieron porque entonces se grababan los nuevos en las cintas de los ya emitidos.

Recibió numerosos premios, entre ellos el Konex, el Martín Fierro honorífico, tres premios Eter y uno de AMIA por su exitosa carrera en los medios de comunicación, y editó el libro de recuerdos “MemoriZar”, donde relató con gracia muchos pormenores de su carrera y el medio del espectáculo.

El legado teatral de Romay es saludado por estos días por su hija Mirta, quien a través de la plataforma teatral digital Teatrix lo homenajeará hasta el próximo domingo 28 y subirá el estreno de sus grandes éxitos teatrales remasterizados.

Así podrán apreciarse “El violinista en el tejado”, “El hombre de La Mancha”, “Víctor Victoria”, “El diario privado de Adán y Eva” y “El precio”, premiadas producciones que reúnen artistas de la talla de China Zorrila, Carlos Perciavalle, Raúl Lavié, Valeria Lynch, Arturo Puig, Selva Alemán y Antonio Grimau, por citar a algunos.

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