Boudou contó que en su celda tenía un póster de Macri y Juliana Awada

El ex vicepresidente fue excarcelado el viernes tras pasar 70 días en el penal de Ezeiza.



El ex vicepresidente Amado Boudou fue liberado el viernes, pero pese a esto el ex funcionario kirchnerista continúa complicado en varias causas judiciales, entre ellas la causa Ciccone, en la que está acusado de apropiarse de la imprenta de billetes para hacer negocios con el Estado.

Este lunes, Boudou brindó una extensa entrevista en radio Del Plata donde contó cómo llevó sus 70 días en prisión. A continuación, los momentos más destacables de su relato:

“La prisión tiene varias aristas. Para los que leímos Un día en la vida de Iván Denísovich, esto es un paraíso. Pero son condiciones de detención muy duras, muy duras. El afuera no existe para vos. Convivís con ocho personas que no conocías antes”.

“Hay que darle mucha bola al ejercicio, en condiciones tumberas. Nuestras pesas eran los tachos de agua llenos de lavandina, un palo de escoba que los unía, tachos de pintura que usábamos para hacer flexiones de brazo. Como sea, hay que hacer ejercicio. Hay que imponerse una rutina todos los días. En nuestro grupo había un militar colombiano que era la persona encargada de organizar la rutina física. Él llevaba adelante todo eso”

“Lo otro que hice fue imponerme una parte de lectura, que lo dividí en tres partes: una recreativa, una de historia y otra de economía. A eso también hay que darle bola todos los días”.

“Cuando entramos era Cucarachalandia. La más chica tenía el tamaño de un gato. Son pequeños logros. Al principio perdíamos todos los días por goleada la guerra. Y después de 30 días, la ganamos. Cuando entró Carlos Kirchner, ya no había más cucarachas”.

“El Servicio Penitenciario hace cosas para que el interno tenga alguna actividad. Nosotros jugábamos al fútbol tres veces por semana, jugábamos al ping pong. Había también asistencia psicológica. Había un taller de música que empezó a funcionar. Si algún día puedo volver como colaborador, me encantaría poder hacerlo para los compañeros que están ahí”.



“Mi celda estaba incendiada, quemada, y con un detalle: había un póster del presidente y de su señora, muy nuevito, recién puesto. La mía era la celda que peor estaba. No sé si fue un mensaje, pero yo lo tomé muy bien. Dejé ahí el póster hasta el último día. Debe estar ahí aún hoy”.

“La relación con el Servicio Penitenciario Federal fue súper profesional. Nunca fue laxa o relajada, pero tampoco fue humillante. Es una cosa para destacar. Lo mismo que el sistema de traslados, fue muy profesional. El sistema médico también es muy profesional y la asistencia psicológica”.

“Te dan dos comidas por día. Son bandejitas. Pollo, un pedazo de pizza. El pan es increíble. Eso no me permitió bajar todo lo que quería con el ejercicio. Además, hay que agradecer a los compañeros y compañeras que mandaban cosas”.

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