Cambiemos: otro duro frente de tormenta para Macri

En plena crisis, Cambiemos vivió, por estos días, uno de los momentos más tensos de su interna política. El epicentro, una vez más, estuvo en la diputada Elisa Carrió y un nuevo conflicto con el ministro de Justicia, Germán Garavano, -un enfrentamiento de varios meses- que llegó al punto inédito de que un oficialista amenace con pedir el juicio político a un funcionario de su gobierno. Lilita divide aguas: están los más contemplativos y aquellos que, hartos, piden al presidente que de una vez llame al orden. Al nuevo episodio de Carrió, se sumó el pago extra del gas: con la decisión ya tomada, el radicalismo propuso públicamente frenarlo y hubo que dar marcha atrás. La medida del secretario de Energía, Javier Iguacel, molestó dentro mismo del Ejecutivo y el Pro, donde algunos aseguran que “más o menos cortó solo”. La UCR, distendida luego de que el gobierno hiciera caso a sus críticas, vuelve a pedir lugar en la toma de decisiones: el viernes tiene cumbre partidaria.

Tensiones internas, Cambiemos las tuvo siempre, más visibles que la de otros gobiernos quizás por su carácter de “coalición”, quizás por la desmesura de algunas figuras. Pero esta vez Carrió parece haber pasado la raya, apuntó directo a la figura de Macri: “Perdí la confianza en el Presidente”, lanzó. Tres situaciones habían molestado a la diputada: tres funcionarios que respaldaba en la AFIP, por su rol en la investigación a los empresarios K, fueron desplazados; faltó apoyo en el Congreso y Carrió no pudo asumir en la comisión bicameral de Control del Ministerio Público; y el ministro Garavano criticó el uso de las prisiones preventivas y afirmó que no era bueno la detención de un ex presidente.

Lo que iba a ser la foto de reconciliación -un acto en el CCK- no lo fue: un beso protocolar y nuevas declaraciones fuertes de Carrió: dijo se amigaría con el Presidente “cuando lo saque a Garavano”. Luego bajó el tono, dijo que “bromeaba” y avisó que posponía el pedido de juicio político al ministro, que iba a hacer el viernes.

La actitud de Carrió volvió a molestar en el Ejecutivo, incluso a los acostumbrados, sobre todo porque esta vez apuntó directo al presidente: dos ministros, Carolina Stanley y Alejandro Finocchiaro, criticaron sus palabras. Para el radicalismo, la figura de Carrió es incómoda: algunos son más indulgentes -como el jefe de bloque de Diputados, Mario Negri- y otros ya no toleran sus exabruptos, como el jefe del partido y gobernador de Mendoza, Alfredo Cornejo, y el cofundador de la coalición, Ernesto Sanz, según cuentan en la UCR.

Sobre el juicio político, no hay gran preocupación: en gobierno consideran que no hay fundamentos legales, y que el poder de Lilita no está en su peso en el Congreso, sino en todo caso en su influencia sobre la opinión pública. No sólo sería un pedido de juicio político a un ministro del gobierno propio, sino uno sin respaldo de la oposición a ese gobierno: el PJ no iría -ven en Nación- en contra de quien plantea el mismo criterio respecto al enjuiciamiento de legisladores.

En paralelo, se desató el escándalo del pago retroactivo del gas. En gobierno hay quienes aseguran que la decisión, que se conoció el viernes pasado por el boletín oficial, fue inesperada incluso para Marcos Peña y el ministro de Interior, Rogelio Frigerio, que hubieran preferido discutir su implementación y negociar adentro. No faltaron pases de factura.

La medida, una vez más, tomó por sorpresa al radicalismo, que tras el escándalo y la amenaza opositora de una sesión especial para voltearla, planteó una propuesta para frenarla: “No hubo ni reunión interna. Tomar medidas, sin conversarlas, está probado que trae dificultades y retrocesos. Si nos enteramos por el boletín, o por periodistas, es lógico que después las tensiones se hagan públicas”, dice una alta fuente del radicalismo.

Tras el nuevo desencuentro, cuentan en el partido, el radicalismo pidió al Ejecutivo volver a tener presencia en las reuniones de Gabinete, que con la reforma ministerial se comprimió. La UCR tenía antes la presencia de Negri y el jefe del bloque de senadores, Luis Naidenoff, pero sólo participan ahora los presidentes de Cámaras, Pinedo y Monzó. El partido sí tiene presencia en la “mesa política”, que se conformó en la crisis cambiaria para descomprimir las tensiones internas, pero no tuvo mucha actividad: “Es que la mesa funcionó poco, se convocará cada tanto, el tema es que perdimos presencia en las periódicas del Gabinete, y la idea es recuperarla”, dice la fuente.

La UCR tendrá su cumbre el viernes y sábado, con los jefes de bloque, de partido, y los presidentes de los 24 distritos. Iba a ser en Mendoza, pero se pasaría la sede a Buenos Aires ya que el jueves se trata el Presupuesto en el Congreso. Habrán reclamos de mayor protagonismo en el gobierno.

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