Miles de hondureños van por México camino a EE.UU.

Una caravana de hasta 3.000 migrantes avanzaba ayer los últimos metros hacia la frontera entre Guatemala y México camino a los Estados Unidos, en medio de la expectativa sobre la reacción que tendrán las autoridades frente a un fenómeno que ha sido calificado como “crisis” por Washington.

Los migrantes, en su mayoría procedentes de Honduras, se agruparon y avanzaban en grupo al puente donde se encuentra el cruce, mientras autoridades de ambos países reforzaron con fuerzas federales los accesos. Algunas decenas de migrantes ya atravesaron la frontera con México de manera ilegal.

En México, donde estuvo de visita, el secretario de Estado estadounidense, Mike Pompeo, dijo que la inmigración ilegal a Estados Unidos a través de la frontera con México se está acercando a niveles de “crisis”. “El presidente Donald Trump ha sido claro con respecto al tema más importante que enfrentamos hoy. Estamos rápidamente llegando a un punto que parece ser un momento de crisis: cifras récord de migrantes”, dijo Pompeo al canciller mexicano Luis Videgaray en una conferencia de prensa conjunta.

“¡Somos hondureños, no somos traficantes, somos inmigrantes!”, gritaban varios mientras avanzaban cerca del mediodía hacia el cruce fronterizo. “¡Sí se puede!”, retaban otros.

Docenas de policías federales mexicanos se mantienen en el puente que sirve para llegar al cruce, mientras cientos más estaban más atrás. El embajador de México en Guatemala dijo que su país ha decidido reforzar la enterada ante la posibilidad de miles de migrantes intenten cruzar.

Aunque el grueso de la caravana todavía estaba en territorio guatemalteco, la cancillería mexicana anunció el jueves en un comunicado que ya inició una atención “ordenada” a quienes habían cruzado la frontera.

Horas antes su titular Luis Videgaray, de viaje en Nueva York, pidió ayuda a la ONU para que el Alto Comisionado para los Refugiados (ACNUR) colabore con México tanto para procesar esas solicitudes como para encontrar una solución permanente para los migrantes hondureños.

El gobierno mexicano ha dicho que los migrantes serán atendidos conforme a la ley y con respeto a sus derechos humanos: quienes tengan pasaporte o visa podrán entrar, y los que presenten solicitudes de refugio serán atendidos. Los que infrinjan la ley serán deportados.

La mayoría de los hondureños que forman parte de la caravana salieron de sus casas de forma espontánea, con poco más que la ropa que llevaban puesta y las pertenencias que pudieron arrojar rápidamente en una mochila.

Y pese a las advertencias lanzadas desde Washington, los migrantes no perdían la esperanza.

“En México nos van a dar una visa de trabajo que dura 40 días”, decía Carlos López, de 27 años.

Henry Tejeda, natural de Puerto Colón, Honduras, aspiraba llegar más lejos: “Quiero pedir asilo político (en EE.UU.) y ayudar a mi familia”, dijo. El hombre, que se paró a un lado de una autopista en el departamento guatemalteco de Zacapa para pedir dinero, contó que dejó a su esposa y a sus cuatro hijos atrás, y que huye de la pobreza y la violencia descontrolada en su país, que tiene una de las tasas de homicidios más altas del mundo.

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