La vida después del incendio en California que no da tregua

“Por ahora, estoy agradecida de estar viva, aquí, con mi familia”, dice sin poder contener las lágrimas Diane Mullin, una habitante que escapó de las llamas en la ciudad californiana de Paradise, devastada por un mortífero incendio.

Hay quienes planean irse muy lejos de allí, otros que están determinados a rehacer sus vidas en la localidad, pero la mayoría de los sobrevivientes del incendio que dejó a Paradise en ruinas todavía están en shock.

Elizabeth Gorman, una de las miles de personas que escapó, dice que su ciudad quedó “reducida a nada”.

“Hay vecindarios completos que desaparecieron... calles, caminos. La casa de mi hija, la casa de su suegra... cada casa de esa calle simplemente desapareció”, cuenta Gorman, una mujer de unos 50 años. “Es horrible”.

El incendio bautizado “Camp Fire” deja hasta el momento 42 muertos, lo que lo convierte en el incendio forestal más mortífero en la historia de California.

Como muchos otros, Gorman dice que no tiene idea de qué quedó de su casa porque las autoridades emitieron órdenes de evacuación y han impedido a los residentes regresar a la ciudad.

Algunos se quedaron con amigos o familiares en otros lugares, otros en hoteles -que están completamente repletos en varios kilómetros.

Los menos afortunados han tenido que dormir en iglesias o escuelas convertidas en refugios de emergencia

“Hay cerca de 200 personas durmiendo aquí, y luego durante el día, muchas más viniendo a buscar información y a comer, o buscando un lugar cálido donde quedarse por un rato”, dijo Paul Stanbrook, supervisor de la Cruz Roja estadounidenese, que se encarga de un refugio ubicado en una iglesia de la vecina Chico.

“Estamos dando refugio y también asistencia a quienes vienen en busca de información... personas desaparecidas, servicios de ayuda. Estamos dando alimento a las personas, a todos en la comunidad”, explicó.

Detrás de Stanbrook, quien llegó al lugar desde Carolina del Norte, una decena de evacuados termina de comer en mesas de camping, mientras ven -con la mirada perdida- un televisor.

Mullin, uno de ellos, quiere mantenerse positiva

“Vamos a reconstruir, un paso a la vez. Vamos a reconstruir nuestro hogar. Seremos parte de la reconstrucción de esa ciudad, porque es una hermosa ciudad”, dice Mullin.

“En este momento, tenemos que contar nuestras bendiciones... no nuestras pérdidas”, prosigue

No lejos de allí, el jubilado de 64 años Glenn Simmons -quien duerme en su auto por falta de espacio en el refugio- dice estar “aquí esperando a ver qué pasa. No sé qué va a ocurrir. Quemó muchas cosas irreemplazables. Tenía muchos recuerdos, obras artísticas”.

“Realmente me duele internamente porque soy un artista, perdí más de 50 años de trabajo, mi arte. Me las arreglé para salvar algunas diapositivas de mis primeros trabajos, e impresiones de otras cosas, pero todo lo demás desapareció”, cuenta Simmons.

¿Qué hará en los próximos días?

“Solicitar servicios gubernamentales, seguir por aquí. El refugio está lleno, por lo que ahora mismo estoy quedándome en mi auto, lo que es mejor que nada... Estaba planeando en mudarme fuera del estado o al sur de California... ¿A Oregon? No lo sé”, responde.

“Todo se quemó. Tengo mi ropa y una mochila, y eso es básicamente todo. Es libertad, no el tipo de libertad que uno buscaría, pero aquí está de todos modos”, dice resignado.

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