“Legitimar discursos de odio puede agravar la violencia social”

P- Ud . más que giros a la derecha o a la izquierda prefería hablar de alternancia en el poder en Latinoamérica.¿Cómo ve lo de Brasil?

R- Creo que lo de Brasil es más novedoso. Fenómenos como la victoria de Piñera en Chile, son predecibles. Pero lo de Bolsonaro tiene características especiales. En primer lugar por la destrucción del sistema de partidos en Brasil, en el contexto del juicio político a Dilma Rousseff y la prisión de Lula. Una cosa poco mencionada es que el PT es el partido que en la elección más o menos mantuvo un buen porcentaje de su votación histórica. Perdió apoyos, no ganó en ninguna de las grandes ciudades y quedó reducido al nordeste, pero en la centroderecha hubo una implosión. Partidos centrales en la escena política de los últimos 25 años como el PSDB de Cardoso o el PMDB sacaron menos del 7% de los votos. Bolsonaro se explica también por eso, es un emergente de la destrucción de ese sistema de partidos.

P- Lo que se llamaba el “presidencialismo de coalición” en Brasil.

R- Exacto. En Brasil hay una extrema fragmentación del Congreso, tiene un sistema para elegir diputados donde no hay listas sábanas y se puede elegir o eliminar candidatos, es muy personalizado, localizado e independiente de los partidos centrales. Son más de 500 diputados y la bancada más importante es la del PT con 56, que en medio de este vendaval político es el partido más orgánico. No es casual que Bolsonaro surja de allí: hace 30 años que es diputado, pasó por partidos que eran meros sellos de goma. Es un sistema político en una crisis profunda.

P- La duda es si Bolsonaro será una disrupción total en el sistema o si la cultura de acuerdos y las instituciones brasileñas terminará acotándolo, como a Trump en EE.UU.

R- La situación es muy distinta. El congreso estadounidense es casi perfectamente bipartidista, con muchísimos mecanismos institucionales para favorecer esta situación. Si algo ha sostenido a Trump es la disciplina perfecta del Partido Republicano en el Congreso. Tiene mayoría en ambas cámaras, maneja la Casa Blanca y ahora tiene mayoría en la Corte Suprema. Es un bloque de poder muy aceitado. Lo de Bolsonaro es distinto, no tiene mayoría parlamentaria (aunque puede armarla) y las bancadas son más sociales que políticas: intereses agroganaderos, evangélicos, otros alineados con los medios... Hoy son todos favorables a Bolsonaro, pero no le responden orgánicamente. Entonces vamos a ver qué hace. Una puede ser la estrategia disruptiva, que gobierne mediante decretos o reforma constitucional. La otra que pueda armar una mayoría negociando con bancadas fragmentadas. Esto históricamente en Brasil se hizo mediante el reparto de prebendas y favores. Será difícil.

P-¿Es posible trasladar esta situación a países de la región? El caso Bolsonaro ha sido encuadrado en el avance de populismos de ultraderecha en Europa y EE.UU....

R- Es indudable que hay un avance de movimientos de ultraderecha a nivel global: Francia, Italia, Hungría, Dinamarca, Suecia, Austria, Holanda, Alemania,etc. Hay particularidades en cada país, según los sistemas partidarios que tengan. No es lo mismo que gane la derecha en Chile, donde hay partidos de derecha antiguos e institucionalizados, a que gane Bolsonaro en Brasil. En Argentina es distinto, la alternancia se dio con un partido de centroderecha que hace ocho años que buscaba el poder, gobernaba la Capital e hizo alianza con otro partido establecido como la UCR. La división del sistema político se da partidariamente: el bloque Cambiemos por un lado y el peronismo/kirchnerismo por el otro. Hoy no aparece un gran espacio para outsiders.

P- En Brasil se suma el rol de los militares, con apoyo político, parlamentario y en ministerios.

R- Creo que eso se va a ver sobre en todos en temas como el de seguridad. En Brasil existe una situación tremenda de falta de paz social ligada al aumento del delito. Tienen uno de los índices de homicidios más altos del mundo. Además, Brasil no tuvo una transición democrática al estilo argentino, donde hubo un juicio a las juntas, a miembros de las FF.AA. etc. No hubo una reflexión social profunda sobre la herencia de la dictadura. Para muchos fue vista como exitosa, sobre todo en lo económico, a diferencia de la dictadura argentina que se fue sin un solo éxito: fallida políticamente, económicamente y militarmente con Malvinas. Por otra parte, esta incidencia es el riesgo de las estrategias de militarizar la seguridad interior: cuando el gobierno dice que necesita a los militares para luchar contra el delito, algo que en Brasil sucede hace más de 10 años, también se legitima una mayor injerencia de las FF.AA en la política interior. Debe ser un llamado de alerta para nosotros.

P- ¿Se verá afectada la relación entre Argentina y Brasil?

R- No sé si se verá afectada, ahora en ambos países hay administraciones que opinan que la relación con el Mercosur no es prioritaria. A nivel bilateral quizás haya mayor indiferencia, porque tanto Macri como Bolsonaro decidieron que la prioridad es la relación con EE.UU. y secundariamente con la Unió Europea. Puede haber es un efecto imitación, como se generó hace diez años con la victoria de las centroizquierdas. Sectores de ultraderecha en Argentina pueden verse alentados. Lo vemos con el caso del diputado Olmedo y de sectores que se oponen a la ley de educación sexual, por ejemplo.

P- ¿ Y más allá de lo político?

R- Más allá de lo gubernamental, de qué políticas termine aplicando, hay que destacar el efecto social que tienen movimientos como el de Bolsonaro. Una posibilidad es ver un aumento de la violencia estatal gubernamental, otro es un aumento de la violencia social. La legitimación de los discursos de odio a menudo termina legitimando la violencia al interior de la sociedad: En EE.UU. vemos el tiroteo de una sinagoga en Pensilvania, un crimen antisemita. Me preocupa que algo así termine ocurriendo en Brasil. Si el gobierno señala a grupos como enemigos internos, no solo abre la puerta para una mayor represión del Estado sino también la violencia de vecinos contra vecinos. Ya hubo ataques “espontáneos” a gente trans, universitarios, militantes del PT, etc.

P- ¿Qué incidencia tiene la corrupción en la emergencia de estos políticos antisistema?.

R- Incide en la deslegitimacion de los partidos tradicionales. La implosión del sistema de partidos en Brasil se explica en buena medida por las denuncias de corrupción, que al principio apuntaron al PT pero se extendieron a otros. La supuesta regeneración moral que iba a suceder tras la destitución de Dilma terminó arrastrando al PMDB, al PSDB y a otras fuerzas. Hay un efecto paradojal: los que teóricamente iban a limpiar el sistema terminaron siendo arrastrados por las denuncias y lo que se deslegitimó fue el sistema.

P- El poder Judicial salió bastante prestigiado ¿cómo influirá?

R- En América Latina hay un empoderamiento de los poderes judiciales. Antes decíamos “se judicializa la política” y hoy vemos que se politiza la justicia, los jueces terminan siendo actores políticos. El Juez Moro (que encarceló a Lula y a otros políticos en la causa Lava Jato) será ministro de Justicia de Bolsonaro.

P- ¿Las redes sociales jugaron un rol?

R- Hay un cambio de paradigma en la comunicación política, en las campañas, donde los grandes medios pierden influencia a manos de las redes sociales, las fake news, etc. Todos el mundo lee, se socializa y se informa de política en redes sociales. La diferencia es que hay grupos que les creen más que otros. Hay una simbiosis muy fuerte de las personas mayores y su consumo de medios, que son la base de apoyo a Trump y Bolsonaro. En Brasil hubo un escándalo porque empresas pagaron para hacer campaña por Bolsonaro y contra el PT por las redes, particularmente Whatsapp. Lo interesante es que no tuvo que ver con un mensaje que diga “vote a éste o al otro”, fueron memes y mensajes de odio o descalificatorios para demonizar a grupos elegidos como enemigos internos.

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