Ante el peligro “inminente” de rotura de otro dique de la minera Vale, las autoridades evacuaron hoy a pobladores de dos comunidades rurales en el mismo complejo donde el viernes colapsó una represa que ha dejado por el momento decenas de muertos y más de 250 desaparecidos.

Las alarmas sonaron esta madrugada debido a que existe un riesgo elevado de que estalle otro de los diques de la mina Córrego do Feijao, en la localidad de Brumadinho, en el estado de Minas Gerais.

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Los equipos de rescate evacuaron a los habitantes de Córrego do Feijao y Tejuco para trasladarlos a zonas más elevadas de la región. La minera Vale, propietaria de la explotación, confirmó en un comunicado que las alarmas sonaron en la región de la mina Córrego do Feijao al “detectar aumento de los niveles de agua” en el dique VI, que forma parte del complejo de Brumadinho. +

Ayer, las autoridades de Minas Gerais informaron que las víctimas fatales habían pasado de 34 a 40, pero luego rectificaron el dato, en medio de una divergencia de números entre las diferentes instituciones involucradas en la operación de rescate..

Los bomberos mantienen la esperanza de hallar a más personas con vida, a pesar de que el número de víctimas mortales pasó de 11 a 34 en cuestión de horas.

Tras el desastre, la Justicia cercó las cuentas de Vale y determinó, en dos procesos distintos, el bloqueo de 1.621 millones de dólares de la compañía para el “inmediato y efectivo amparo a las víctimas y reducción de las consecuencias” de la catástrofe.

La tragedia ocurrió cerca de las 13:00 locales del viernes en el municipio de Brumadinho, de 39.000 habitantes y a 60 km de Belo Horizonte. La ruptura del dique provocó enormes ríos de lodo que arrasaron buena parte de las instalaciones del complejo minero Córrego do Feijão operado por la empresa brasileña Vale, así como otras áreas aledañas.

Los bomberos han rescatado a 192 personas con vida, según el parte de este domingo.

El último balance emitido la noche del sábado detallaba 34 muertos, ocho de los cuales fueron identificados y 23 heridos hospitalizados.

La esperanza de que sus seres queridos hubiesen podido sobrevivido a un tsunami de desechos de una mina de hierro tras el colapso de una presa en Brasil se convirtió en angustia e ira ante la posibilidad cada vez más real de que muchos de los cientos de desaparecidos hayan muerto.

El sábado por la noche, cuando las autoridades suspendieron las labores de rescate hasta el amanecer, la cifra de víctimas mortales se mantenía en 40 personas, aunque se cree que hasta 300 más estarían desaparecidas.

A lo largo de la jornada, los helicópteros sobrevolaron las zonas sepultadas en lodo y los bomberos excavaron para llegar a algunas estructuras.

“Estoy enojada. No puedo mantener la calma”, señaló Sonia Fátima da Silva, que intentaba obtener información sobre su hijo, que llevaba 20 años trabajando en la empresa minera Vale. “Mi esperanza es que sean honestos. Quiero noticias, aunque sean malas”.

Da Silva dijo que habló con su hijo por última vez antes del inicio de su turno el viernes. Alrededor del mediodía, una presa que retenía los desperdicios de la mina se vino abajo provocando olas de barro que llegaron a kilómetros (millas) de distancia y sepultaron casi todo a su paso.

Los empleados del complejo minero, propiedad y operado por la empresa minera brasileña Vale, estaban en su hora del almuerzo cuando la represa cedió.

A lo largo del sábado, decenas de familias en la ciudad de Brumadinho esperaban desesperadas noticias sobre sus seres queridos. Romeu Zema, gobernador del estado de Minas Gerais, dijo que, en este momento, los esfuerzos de rescate se centran en recuperar los cadáveres.

La riada de desechos llegó a la población vecina de Vila Ferteco y una oficina administrativa de Vale donde había trabajadores. El sábado, podían verse tejados sobre un extenso campo de lodo, que también cortó varios caminos. Tras el derrumbe, algunos residentes fueron evacuadas de Brumadinho. Otros apenas lograron escapar.

“Vi el lodo que bajaba la cuesta, derribando árboles al descender. El ruido era tremendo”, dijo entre lágrimas Simone Pedrosa, del barrio de Parque Cachoeira, a unos ocho kilómetros del derrumbe.

Pedrosa, de 45 años, y sus padres corrieron a su auto y fueron al punto más alto del barrio.

“Si hubiésemos ido en la otra dirección, estaríamos muertos”, dijo Pedrosa. “No puedo sacarme ese ruido de la cabeza”.

Además de los 40 cuerpos recuperados, había 23 personas hospitalizadas, dijeron autoridades del departamento de bomberos de Minas Gerais.

Había algunas señales de esperanza. Las autoridades anunciaron que habían encontrado a 43 personas más con vida el sábado, y la empresa dijo que había establecido el paradero de 100 trabajadores, aunque más de 200 seguían desaparecidos.

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