Nueva Zelanda, defensor del título, le ganó 20 a 18 a los Springboks y pasó a la final. Mañana jugarán Los Pumas ante Australia y definirán al segundo finalista del certamen

Con el imponente Twickenham de testigo (80.000 personas), y con tres enfrentamientos previos en Mundiales, en los cuales Sudáfrica lideraba por 2-1, los Springboks y los All Blacks se volvieron a encontrar en una instancia copera: nada menos que en la semifinal de esta RWC 2015.
Durante los primeros minutos el que presionó fue el equipo africano, que pudo romper el cero con un penal de su apertura Handré Pollard. Pero la respuesta negra, que llegó a este partido luego de un concierto de excelente rugby frente a Francia en Cardiff, no se hizo esperar: matemático pasamanos de izquierda a derecha buscando el ciego, para que Jerome Kaino termine la puntada apoyando en la bandera.
A la factura del ala neocelandés le siguieron dos penales de Pollard para dar vuelta la historieta (9-7) y sacarle el jugo a las excesivas infracciones de los campeones del mundo (nueve en el PT).
A partir de aquí el juego se hizo cerrado, peleado, extremadamente parejo, y con las defensas, sobre todo la sudafricana (se destacó el ala Francois Low), conteniendo cualquier embate del rival.
Los All Blacks intentaron invadir la ciudad sitiada por todos los caminos posibles (tuvieron amplio dominio territorial y de posesión de pelota). Pero no pudieron entrar. Fueron, fueron y fueron. Y nada. ¿Por qué? Gracias a la supremacía física sudafricana y, sobre todo, a la inteligencia y prolijidad con la que los Springboks ejecutaron el esquema defensivo.
Esta situación impotente sacó de quicio a los campeones del mundo, que se desesperaron, recibieron una amarilla (Jerome Kaino) y se fueron al vestuario con otro penal de Pollard en el bolsillo.
Una señal. Un mensaje. Eso fue lo que enviaron los All Blacks antes de que comience el segundo tiempo. Porque los de negro salieron a la cancha varios minutos antes que su adversario. Como diciendo: “dale, salí que te estamos esperando”.
Contra los neocelandeses, si te dedicás a defender, como lo hizo Sudáfrica en el PT, es una cuestión de tiempo para que te den vuelta la chapa y te terminen ganando. Los Springboks, ya sin tanto energía como en los primero 40, no cambiaron su libreto y los kiwis se los terminaron fagocitando.
El primero en golpear, ya bajo una copiosa lluvia, fue un muy activo Dan Carter, con un drop bárbaro. Y seis minutos más tarde llegó una joyita de Ma´Nonu, que dio una clase de cómo fijar marcas, para que Beauden Barrett se adueñe de los flashes adentro del ingoal bok.
Sudáfrica achicó distancias con otro penal de Pollard, pero se notaba que ya estaba quemando sus últimos cartuchos. Carter respondió con otro penal y Pat Lambie le contestó con otro más para mantener a su equipo en partido. Pero los Boks ya no tenían nafta para más.
Nueva Zelanda, prolija, con propuestas y jugando lejos de su ingoal, mantuvo a raya a su oponente y jugará su segunda final mundialista al hilo, la segunda fuera de su tierra (la primera fue en 1995).
Los All Blacks no se cansan de romper marcas, de hacer añicos las estadísticas. Hoy su victoria fue la 13° en un Mundial (record) y si ganan la final del próximo sábado se convertirán en el primer seleccionado en consagrarse campeón de manera consecutiva. Toda esta chapa fue demasiado para Sudáfrica. Y, por lo que vienen demostrando, parece que también lo será para el resto.
Con el imponente Twickenham de testigo (80.000 personas), y con tres enfrentamientos previos en Mundiales, en los cuales Sudáfrica lideraba por 2-1, los Springboks y los All Blacks se volvieron a encontrar en una instancia copera: nada menos que en la semifinal de esta RWC 2015.
Durante los primeros minutos el que presionó fue el equipo africano, que pudo romper el cero con un penal de su apertura Handré Pollard. Pero la respuesta negra, que llegó a este partido luego de un concierto de excelente rugby frente a Francia en Cardiff, no se hizo esperar: matemático pasamanos de izquierda a derecha buscando el ciego, para que Jerome Kaino termine la puntada apoyando en la bandera.
A la factura del ala neocelandés le siguieron dos penales de Pollard para dar vuelta la historieta (9-7) y sacarle el jugo a las excesivas infracciones de los campeones del mundo (nueve en el PT).
A partir de aquí el juego se hizo cerrado, peleado, extremadamente parejo, y con las defensas, sobre todo la sudafricana (se destacó el ala Francois Low), conteniendo cualquier embate del rival.
Los All Blacks intentaron invadir la ciudad sitiada por todos los caminos posibles (tuvieron amplio dominio territorial y de posesión de pelota). Pero no pudieron entrar. Fueron, fueron y fueron. Y nada. ¿Por qué? Gracias a la supremacía física sudafricana y, sobre todo, a la inteligencia y prolijidad con la que los Springboks ejecutaron el esquema defensivo.
Esta situación impotente sacó de quicio a los campeones del mundo, que se desesperaron, recibieron una amarilla (Jerome Kaino) y se fueron al vestuario con otro penal de Pollard en el bolsillo.
Una señal. Un mensaje. Eso fue lo que enviaron los All Blacks antes de que comience el segundo tiempo. Porque los de negro salieron a la cancha varios minutos antes que su adversario. Como diciendo: “dale, salí que te estamos esperando”.
Contra los neocelandeses, si te dedicás a defender, como lo hizo Sudáfrica en el PT, es una cuestión de tiempo para que te den vuelta la chapa y te terminen ganando. Los Springboks, ya sin tanto energía como en los primero 40, no cambiaron su libreto y los kiwis se los terminaron fagocitando.
El primero en golpear, ya bajo una copiosa lluvia, fue un muy activo Dan Carter, con un drop bárbaro. Y seis minutos más tarde llegó una joyita de Ma´Nonu, que dio una clase de cómo fijar marcas, para que Beauden Barrett se adueñe de los flashes adentro del ingoal bok.
Sudáfrica achicó distancias con otro penal de Pollard, pero se notaba que ya estaba quemando sus últimos cartuchos. Carter respondió con otro penal y Pat Lambie le contestó con otro más para mantener a su equipo en partido. Pero los Boks ya no tenían nafta para más.
Nueva Zelanda, prolija, con propuestas y jugando lejos de su ingoal, mantuvo a raya a su oponente y jugará su segunda final mundialista al hilo, la segunda fuera de su tierra (la primera fue en 1995).
Los All Blacks no se cansan de romper marcas, de hacer añicos las estadísticas. Hoy su victoria fue la 13° en un Mundial (record) y si ganan la final del próximo sábado se convertirán en el primer seleccionado en consagrarse campeón de manera consecutiva. Toda esta chapa fue demasiado para Sudáfrica. Y, por lo que vienen demostrando, parece que también lo será para el resto.
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